martes, 8 de julio de 2014

Posted by Lore Muriana Cuenca on 17:34 No comments


—Oye, que no llevas una década sin verme —Seth protestó.
—¿No puedo recibir a un amigo de forma cariñosa? —Amanda puso los brazos en jarras y le miró con los ojos entrecerrados —. Seth Anderson, no me provoques.
—Está bien —este levantó sus brazos a modo de rendición —, no lo haré, a cambio te ayudaré con eso. Ya sabes que aquí es el único lugar en el que de verdad me gusta cocinar. No entiendo porque en casa soy un completo desastre.
—Permíteme que te diga, y no te enfades, que eso es porque no tienes a nadie con quien compartir tu cocina. Prefieres hacer algo sencillo, que no te lleve mucha dedicación y por la que nadie te vaya a dar opinión. En serio querido —Amanda se acercó a Seth y puso sus manos sobre los brazos de este —, tienes que buscarte a alguien que te dé lo que mereces.
—Amanda… por favor. Ya sabes que tengo una vida demasiado complicada como para tener una relación con alguien.
—¿Complicada? —su amiga comenzó de nuevo a cortar la verdura mientras continuaba hablando —. No es eso lo que te asusta, te asusta que alguien entre tanto en tu corazón como para descubrir que hay dentro de este. Yo sé lo que hay en ti, como te sientes, como te tomas cada una de tus obligaciones o quehaceres —Amanda se giró para mirarle a los ojos —, no puedes obligarte a estar solo porque hayas tenido una mierda de vida. Sé que siempre has estado a solas, pero es hora de que dejes que alguien entre en tu corazón.
—¿Para qué? ¿Para qué me abandone como han hecho todos los que creía que estaban a mi lado? No quiero, gracias.
Seth metió sus manos en los bolsillos, sabía muy bien de lo que estaba hablando. Había estado la mayoría de su vida solo y ya bastante derrotado tenía su corazón como para permitirse que alguien lo terminara por destrozar.
—No puedes ser así para siempre —volvió a decir Amanda.
—Pues lo seré, me conformo con tener unos amigos como vosotros. Seré el padrino de vuestro hijo, ¿qué más puedo pedir? —el periodista le sonrió, con esa sonrisa tan dulce que no dejaba lugar a la discusión.

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